Mitología de la Diosa Fortuna
En Roma
La Diosa Fortuna, era desconocida en tiempos de Homero, pero fue adquiriendo importancia hasta la época helenística y sobretodo en Roma.
La Teogonía la hacía hija de Océanos, a causa de los cual empezó siendo diosa protectora del comercio marítimo fuente de riqueza para los hombres.
En Píndaro tenía un sentido más general, y era hija de Zeus, con lo que personificó la abundancia y la riqueza. Se la representaba con una cornucopia en la mano izquierda y un timón en la derecha, símbolo éste, de su primitiva misión y como protectora de navegantes o emblema de la dirección que imprimía a la vida humana. Cuando su dominación romana llegó a Grecia y al pasar su influencia a Italia, quedó en Grecia como protectora de las ciudades.
Fortuna simbolizaba en Roma el destino caprichoso y arbitrario y convenía protegerse contra su adversidad y ver de tornarla favorable dándole culto. El culto a Fortuna fue introducido en Roma por Servius Tullius, teniendo en tal ciudad un templo en el Forum Boarium y un santuario público en la colina del Quirinal (Quirinalis), poseía un Oráculo en Praeneste en dónde se adjudicaba un trozo de roble a cada recién nacido, según el modo en que sucedía esto se suponía que el recién nacido tendría su fortuna, éste era uno de los más célebres del mundo romano.
Tuvo numerosos templos no solo en Roma sino en toda Italia. Durante el Imperio hubo en Roma hasta 8 templos consagrados a la diosa.
A la diosa Fortuna le estaba consagrado el dia 11 de Junio, durante toda esta fecha se realizaba un festival que se llamaba Fors Fortuna; se le consideraba
también propiciadora de la fertilidad y la maternidad.
En Grecia
Se la llamaba Tike o Tiké (en griego) era la personificación del destino y la fortuna en cuanto diosa que regía la suerte o prosperidad de una comunidad.
Muchas ciudades de la Grecia antigua mantenían su propia representación de la diosa coronada con los muros de la ciudad.
Tiqué podia decidir cual era la suerte de cualquier mortal, y lo hacía de una forma aleatoria, junto con su ayudante, el dios Pluto. Por eso nadie podía vanagloriarse de sus riquezas ni dejar de agradecérselo a los dioses, pues esto podía provocar que interviniese la diosa Némesis para ponerle en su sitio.
Aparecía en muchas monedas acuñadas en la épca helenística en los tres siglos anteriores a Cristo. En el arte greco-búdico de Ghandara se la homologaba con la deidad budista llamada Hariti.
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